Un Anuncio Que Marca un Hito

BSH ha hecho público el inminente cierre de su planta en Esquíroz, Navarra, una decisión que repercute profundamente en la comunidad local. Esta instalación es el hogar de 655 personas que han dedicado sus esfuerzos a la producción de frigoríficos y lavavajillas compactos, y su cierre genera inquietud y tristeza entre empleados y sus familias.

Cronograma de la Despedida

La compañía ha fijado un plazo de seis meses para llevar a cabo el cierre. Durante este tiempo, hasta junio, la planta continuará fabricando sus productos, lo que representa una oportunidad para cerrar este capítulo con dignidad. Además, se abrirá un espacio de diálogo con los representantes legales de los trabajadores, un paso crucial que busca mitigar la incertidumbre mientras se inicia el proceso de negociación del ERE (Expediente de Regulación de Empleo) para gestionar los despidos.

Las Razones Detrás de Esta Decisión

La situación es compleja, ya que BSH ha señalado que la planta ha perdido su competitividad en la producción de electrodomésticos. A pesar de haber realizado múltiples mejoras a lo largo de los años, la compañía menciona que enfrenta una «evolución difícil y persistente en los mercados» y una intensa competencia internacional que ha debilitado su posición. Lo que antes era un pilar de la economía local ahora se ve amenazado por cambios que parecen irreversibles.

El Impacto en la Carga de Trabajo

Los sindicatos han resaltado que la carga de trabajo en la fábrica se redujo más del 50% entre 2015 y 2023, un dato alarmante que refleja la drástica transformación del sector. La producción ha sido trasladada a fábricas en Polonia y Turquía, lo cual exacerba las preocupaciones sobre la pérdida de empleos. Además, casi todos los lavavajillas compactos se exportaban a un mercado chino que experimenta una notable disminución en la demanda, añadiendo más presión sobre la viabilidad de la planta en Esquíroz.

Una Reacción Inesperada ante la Emergencia

Ante esta noticia, el Gobierno de Navarra ha calificado el cierre como «inesperado», expresando su profunda preocupación por los 660 trabajadores afectados. Los sindicatos, por su parte, rechazan enérgicamente esta medida, destacando la necesidad de encontrar soluciones que prioricen el bienestar de los empleados y la comunidad. Se abre así un nuevo capítulo en la lucha por la defensa de los puestos de trabajo y la estabilidad económica en la región.